Yoko Ono - 1997, 17 de Mayo
Entrevista: Ruth Baza
En la cocina de Yoko
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Nueva York, 17 de mayo de 1.997.
10:00 horas. En la cocina de Yoko.
El Dakota es el edificio de las gárgolas más imponentes de toda la ciudad. Más incluso, que las de Notredame. Aquí es donde Polanski rodó La semilla del diablo, donde vivió varias décadas encerrada Greta Garbo, donde Lennon murió tiroteado hace ahora 20 años a manos del amante virtual de Jodie Foster. Donde viven Yoko y Sean rodeados de cristaleras y pinturas más o menos abstractas, obra suya y de Clemente, Basquiat y del amigo Schnabel, de murales fotográficos, ristras de laureles y piezas de arte Zen. Aquí pasan la mayor parte del año, según me contaba delante de una cafetera de Alessi y una bandeja de donuts, muffins y pastas de té de Balducci´s, en mitad de su cocina de madera Ikeiana. Aquí tienen un taller de creación, una sala de partos, de la que salen pinturas y canciones. Las últimas acababan de envasarlas madre e hijo en un CD titulado Rising y que, en mi opinión, son casi más potentes que las recopiladas en la Beatles Anthology, publicada por la EMI más o menos en aquella época.
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Me recibió descalza. Y, claro, yo me puse a su altura, y me deshice de mis Adidas. "Ponte cómoda, por favor, estás en tu casa" me dijo con la mejor de sus sonrisas. Porque Yoko se reía mucho y muy alto. Sonreía cada dos por tres. Y cuando lo hacía, un par de hoyuelos destacaban aún más su cutis de arroz, y claro, una no tenía más remedio que seguirle el juego y admirar su extraña belleza entre cálida y gélida, de mujer oriental, mujer maestra, mujer artista, mujer madre y mujer de duelo eterno.
Yoko con el pelo corto y ligeramente levantado sobre la frente, desteñido de henna en las puntas y despeinado. Plácida. Las dos nos pusimos de acuerdo, sin saberlo, y nuestra indumentaria era negra y de dos piezas. Coincidencias. Pantalones acampanados y camisas escotadas. Era una mañana de sol y los rayos se filtraban a través de las persianas, dejando ralladuras perfectas en el suelo de terracota. Sentadas en sillas de director de cine, una al lado de la otra. Ella con sus gafas Armaniescas, redonditas, y yo estrenando sombrero de la Belle Époque de la tienda de Barbara Feinman, la artesana de la calle 7 que mejor entiende a las mujeres que gustan de esconder sus cabellos bajo fieltros y rafias transformados en esculturas urbanas de otros tiempos.
La viuda de John y yo rajando hasta después del almuerzo.
Se había convertido en una mujer ínternáutica casi de la noche a la mañana "porque Internet es como un libro abierto, un lienzo en blanco, en el sentido de que la gente puede comunicarse abiertamente con otras personas sin ningún pudor y encima en cualquier instante, sin límites horarios ni fronteras. La red es el mundo entero y nosotros estamos en ella ¿por qué no vamos a aprovecharnos de las ventajas que tiene? A mí me parece un "invento" genial, por decirlo de algún modo. Qué podamos comunicarnos entre nosotros, a cualquier hora y de esta manera tan horizontal, como yo digo, es un hecho mágico a gran escala".
Yoko es una alquimista, una experimentalista nata y como tal, quiere probarlo todo. Expelía fuerza y un apetito contagioso. Cayeron varios bollos. Fumaba rubios, mientras que yo, en aquella época, sólo me liaba porros, al atardecer y la mayoría de las veces para mí sola.
Llevábamos más de una hora hablando y yo aún no había puesto la grabadora en marcha. No era pereza, sino comodidad. Allí, en mitad de la cocina-comedor me sentía realmente en casa. Caseras, nos tuteamos... De fondo, el tráfico, pitos y gaitas, y el repiqueteo de una excavadora.
Así que no te consideras famosa.
Yoko: No, no creo que sea famosa. A mí la fama me parece más un concepto que un hecho, aunque exista como tal transferido a una persona, a cientos de personas de todo el mundo que hacen o dicen cosas que nos parecen prodigiosas y sagradas. Es como un ritual. El hombre siempre ha necesitado ídolos, alguien en quien mirarse y con quien identificarse, alguien a quien admirar. Por eso la fama tiene mucho de sacramental. Lo del sacrificio del cordero es real. El famoso es el cordero que se sacrifica en pos de una porción de la humanidad, muchas veces sin que éste de su consentimiento O séa que es asesinado o mutilado por los que le adoran. Otras veces, el cordero se deja matar porque está emborrachado de fama, sólo vive de su fama, no sería nada sin ella. La diferencia entre ellos estriba en que el primero vivirá la fama, en el mejor de los casos como un episodio de su vida que pasará algún día, y en el peor, como una gran desgracia de la que jamás se desembarazará; y el segundo la vivirá por inercia porque es la vida que ha elegido y no al contrario. El famoso de verdad, el cordero rey, es aquel que vive pendiente de su fama... Así que, ya ves, la fama es pura ambigüedad. Un arma de doble filo.
Sentencia la mujer de uno de los hombres más famosos de la tierra...
Y: No creo que mis pensamientos fueran distintos aunque no fuera la viuda de John, te lo aseguro. Lo que si creo es que si no hubiera conocido a mi marido, no habría sabido nunca lo que es ser decapitada por la fama.
¿Así es como te sientes, desmembrada y herida casi mortalmente por culpa de la popularidad?
Y: En cierto modo, sí.
Se podría decir, pues, sin ninguna duda ¿que la fama tiene mucho de infame, de ingrata y además de ser excesivamente perjudicial para la salud?
Y: Sí, porque no hay que olvidar que hay dos tipos de fama: la buena y la mala, aunque luego todo se reduzca a superficialidad y engaño, en muchos casos. Mira, John, por ejemplo, era un héroe pero también era una cabeza de turco, y a mí me tocó representar el papel de cordero degollado por y para el mundo. Lo cierto es que ambos perseguíamos un mismo propósito. Nadie forzó nada ni a nadie, a pesar de lo se ha dicho de mí a lo largo de todos estos años, que si era una manipuladora y una castradora, etc. John era el bueno, sinónimo de amor, y yo era la mala, el odio.
Y ¿cómo llevas, cómo lo has llevado eso de ser la eterna mala de la historia? porque justificarse no sirve de nada cuando a uno le cuelgan la etiqueta de malvado. No tiene credibilidad... Como el bien siempre está por encima del mal...
Y: Duermo muy bien, la verdad. Nunca me han dolido demasiado las críticas y los insultos que me han dedicado, porque no me siento culpable de nada. Tengo la conciencia muy tranquila. Unas veces lo habré hecho mejor y otras peor, eso no lo discuto, porque soy humana y tengo que cometer errores como todo el mundo, pero siempre he actuado como lo he creído más oportuno... Paso mucho de lo que se diga de mí, en serio. Tengo cosas más importantes por las que preocuparme que por los bocazas.
Resistir o morir, ¿no?
Y: Resistir, sí, y vivir a tope y como me place, sin molestar a nadie, naturalmente..
Y, además, de la forma más discreta posible.
Y: Mira, hay que discernir entre la imagen que proyectas públicamente y la que tienes en tu casa. Yo en ese sentido he aprendido a trazar una línea de separación entre ambas porque juntarlas sería demasiado peligroso. No es que finja, pero ahí fuera no me comporto como aquí dentro. Quiero decir que cuando te expones al público no puedes ni hacer ni decir ciertas cosas. No sería ético y además te condenarías a no tener una existencia propia.
Tú guardas muy celosamente tu vida privada y eso está muy bien, porque haces y deshaces a tu antojo sin que nadie se entere.
Y: A mí no me interesa nada la vida de mi vecino así que a mi vecino no debería interesarle nada la mía, ¿no crees?.
Pero hay mucho cotilla suelto, ya lo sabes.
Y: Pues que cotilleen en otra parte porque en mi propiedad está prohibido husmear sin mi permiso.
¿De qué tienes miedo, Yoko?
Y: ¡Uff! de muchas cosas, pero cuando hablo de que me niego a que vulneren mi intimidad no quiero decir que tema nada. Mis sentimientos van por otro lado. Yo tengo miedo de la guerra, de la destrucción, del miedo mismo, no de la prensa.
¿Te consideras una mujer guerrera?
Y: Hombre, lucho lo mío por conseguir lo que quiero.
¿Felicidad, estabilidad, respeto, tranquilidad?
Y: ¿No es todo lo mismo? Lucho para vivir mejor. Lucho mucho, sí, y a veces me cuesta seguir adelante, pero intento no detenerme, ni siquiera en la peor de las adversidades.
Ciertamente, siempre has dado muestras de entereza, incluso cuando murió John.
Y: El dolor se combate con la resistencia, la objetividad y la relativización. No podemos ni debemos taparnos los oídos ni los ojos cuando nos ocurre una desgracia. Tenemos que crecernos ante el horror y seguir adelante. Yo he sufrido mucho, mucho, pero también he tenido la suerte de disfrutar momentos muy felices, y es de esos momentos de los que he extraído la esencia para no tirar la toalla. Escurrir el bulto es tan sencillo como matarse, y a mí, sinceramente. nunca se me ha pasado por la cabeza esconderme o desaparecer directamente.
Supongo que no lo has tirado todo por la borda porque tú no eres solamente la viuda de Lennon. Ante todo eres una mujer, y una mujer que es madre y artista y aún tiene mucho que hacer y decir...
Y: Yoko es Yoko y además Yoko Ono y Yoko Lennon, eso es.
Intuyo que la muerte no forma parte de tus terrores favoritos.
Y: No, porque creo que cuando morimos nos hacemos más fuertes y eso me seduce.
Yo creo que la muerte también nos convierte en voyeurs.
Y: Sí, en una especie de periodístas, o más bien, de poetas que pueden verlo todo. Y eso es algo muy poderoso....
No te quejes, que tú has visto bastante en esta vida.
Y: ¡Y lo que me queda por ver! No pienso perderme nada, te lo aseguro.
¿Aunque la fama te asedie?
Y: ¡Que yo no soy tan famosa!
Antes de conocer a John eras una artista muy creativa, hacías muchas cosas, te metías en todo lo que olía a modernidad y trasgresión, tanto si era fotografía como si se trataba de vídeos artísticos o de experimentos musicales, y obviamente solo te conocían en el círculo artístico. Pero cuando te casaste con él, parece que dejaste todo eso de lado para concentrarte en seguirle y claro, te convertiste en el icono pareja del gran Lennon, en alguien muy popular. Este hecho, de alguna manera, ¿hizo que perdieras parte de tu libertad e identidad como artista?
Y: No, no perdí nada, al contrario me topé con un montón de cosas valiosas e inspiradoras para seguir creando.
Ya, ya sé que no has parado de crear y, de hecho, ahora estás viajando de una ciudad a otra con una exposición de tus últimas obras, pero la sombra de la fama acumulada como mujer y después viuda de John Lennon pesa más que lo que hayas podido hacer en estos años por ti misma como artista.
Y: John nunca me hizo sombra. Quizá por fuera, cara al público, su fama me comiera algo el terreno, pero no por dentro. John y yo estábamos en la misma onda. Nos entendíamos a la perfección. Pero, ten en cuenta que yo era la mujer de John Lennon y no al contrario. Yo me había casado con él y no él conmigo, ¿entiendes?.
Hablemos, pues, de la Yoko artista y de su obra.
Y: Bueno, ya sabes, yo era una artista de la avant-garde que consiguió hacerse un nombre y un hueco en el mundillo artístico gracias a sus excentricidades. Pero aquello de ser "la artista" era muy aburrido. Cuando estás en la cima ya no hay más adonde ir. El cielo es el límite. Es irónico porque se supone que cuando llegas arriba debes estar genial siempre, pero la verdad es que no estás genial casi nunca porque no puedes hacer más de lo que estás haciendo. Has llegado al tope y ahí te quedas. Aunque también puedes optar por bajar... Yo me incliné por quedarme donde estaba y sacar todo el provecho posible del rock, que era una novedad para mí. El rock me daba mucha energía creativa. Es mi fuente de inspiración más importante.
O sea, que sin rock no hay fecundidad...
Y: Estaría bastante perdida sin él, sí. Lo peor que le puede pasar a un artista es estancarse porque después acaba secándose y se muere. Si no me hubiera revolcado por el barro con John durante un tiempo, creo que eso me hubiera sucedido a mí. Me habría muerto de asco y aburrimiento.
Te incorporaste a la escena neoyorquina de fluxus con una sólida formación literaria y artística, igual que Dick Higgins, Takao Saito y Joe Jones, entre otros. Fluxus o el arte-diversión debía ser simple, ameno y sin pretensiones. Tratabais temas triviales sin necesidad de dominar técnicas especiales ni realizar innumerables ensayos, y sobre todo, sin aspirar a tener ningún tipo de valor institucional o comercial. Háblame un poco de cómo se mascaba aquello...
Y: Supongo que el fluxus nunca se redujo a un denominador común porque cada artista tenía su visión personal acerca del arte y el mundo. Lo cierto es que lo teníamos muy difícil para exponer nuestra obra porque cada uno procedíamos de un ambiente, de una cultura, y no había un nexo de unión entre nosotros, y a los mecenas de la ciudad les parecía una locura lo que proponíamos. Éramos un clan de artistas de varias nacionalidades que lo único que buscábamos era la confluencia de todos los medios de expresión: la pintura, el teatro, la escultura, el cine, la música, no forrarnos y tener nuestros 5 minutos de fama como decía Andy.
Sin John Cage aquello hubiera resultado casi imposible, ¿no?, porque él, junto con George Maciunas, fue el promotor de esta corriente.
Y: Sí, John y George fueron los impulsores y nosotros sus acólitos. El fluxus fue la primera forma de arte desde el Dadaísmo que apostaba por la fusión de todos los géneros y las lenguas.
Fusión y experimentación.
Y: Pero sin caer en el surrealismo.
¿Qué aportaste exactamente a la causa?
Y: Justo lo contrario de lo que se ofrecía en los happenings. Organicé conciertos en una sucesión de acciones acústicas y visuales para que el público pudiera participar activamente en ellos, y publiqué panfletos, matasellos fluxus o Mail Art, cintas musicales y cortometrajes, publicaciones que podían comprarse a un módico precio por correo o en Flux-shops especializadas, etc.
Suena bastante Zen.
Y: Era catártico y analgésico, y además te mantenía ocupado todo el tiempo. No tenía tiempo para aburrirme...
¿Piensas que Fluxus ha servido de estímulo a muchos artistas de generaciones posteriores a la tuya, por ese carácter multimedia y libre del que hablamos?
Y: Sin duda alguna, pusimos los cimientos de todo lo que se está moviendo en el mundo del arte actual. Hoy el mestizaje prima sobre una idea única. La única diferencia que existe entre los artistas de los 90 y nosotros, es que ellos lo tienen más fácil que nosotros en aquella época para exponer sus propuestas. Hoy nadie se asusta por casi nada. Ya estamos acostumbrados a la diversidad y hasta a la irreverencia, porque el Arte es ante todo un símbolo de anarquía.
Igual que eso de hacer una "camada" (el famoso bed-in con John)...
Y: Aquello fue una forma de reivindicar nuestra libertad individual y de decirle al mundo lo que le estaba pudriendo. Le conté a John la historia de la chica francesa que asesinó a Robespierre, desde la perspectiva, real en mi opinión, de que con su crimen cambió la Historia. Le dije que él no tenía que ser famoso, ni rico, ni poderoso para poder cambiar el ritmo de la Historia. Bastaba con hacer algo que no se le hubiera ocurrido a nadie nunca. Un acto de rebeldía. Y John me dijo que podíamos hacer algo original con connotaciones más positivas que el homicidio. Así que se nos ocurrió hacer la huelga en la cama del hotel. Yo ya había protestado varias veces en público en Trafalgar Square llevando mi bolso sobre la cabeza, por lo que estaba ocurriendo en Oriente, pero no sirvió de nada porque casi nadie me conocía. Sabíamos que si John participaba en un acto por la paz, el mundo entero se enteraría.
Y así fue.
Y: Se enteraron pero no frenamos la barbarie...
Y de hecho, las guerras, el exterminio, el hambre, sigue desolando el planeta.
Y: El otro día alguien me contó que en la Red se pueden conseguir varias fórmulas para construir bombas. Si hemos llegado a esto, significa que la paz sólo depende de cada uno de nosotros. Un hombre solo puede matar a miles de personas, ¿te das cuenta?. Es terrible...
Deberíamos hacer mucho más el amor y navegar menos por esos polvorines virtuales.
Y: Dar una oportunidad a la paz como decía John, por favor, si no es tan difícil. Espero vivir lo suficiente para ver un mundo más habitable y cordial.
Y poblado de menos famosos-corderos, que cada día surgen nuevos especimenes en todos los rincones.
Y: Sí, un mundo curado totalmente. Un mundo donde todos seamos iguales.
Y donde la música no cese ni un segundo.
Y: Claro, porque la música es la terapia más potente que existe para sanar. Más que lo que ofrece la industria del entretenimiento. Es lo más saludable para el espíritu y el cuerpo...
Lo que acabas de decir es uno de los pilares del Zen. "El silencio que sigue a una música es parte esencial de ella"...
Y: ¡Vaya! no lo sabía pero una verdad como un puño.
Primero la música y luego viene, por culpa del sagrado rito del sacrificio, la fama. Y el arte, la fama y el arte y la fama se estabilizan en la misma dimensión. Juguemos a las paradojas. Dime el nombre de un artista, sólo un artista.
Y: Gustav Klimt
Y ¿un famoso?.
Y: Andy Warhol
Y, ¿Un artista famoso?
Y: John Lennon, pero eso ya lo sabes desde el principio.
Me has pillado, Yoko. Y todo por mordisquear otro donut. Volvemos al punto de partida. Giramos en círculo. ¿Me pones un poco más de té, por favor?
Y: ¿Con crema o sin crema? Sí, estamos justo al principio pero sabemos un poco más que antes y además nos hemos atiborrado de pasta y té. No ha estado nada mal para comenzar el día... Un día redondo y con varios agujeros, como ves, en la calle.
Me apretó las manos con toda la tersura de sus manos de mujer oriental. Y como lotos en sillas de madera y tela, continuamos hablando y hablando durante horas, surcadas por los rayos del sol, ignorantes del parón en seco de la cinta, que no pudo grabar todo lo que salió en aquella cocina cruda como el sushi y cálida como un figón de barrio. Seguimos dando vueltas y desatando cabos. Haciendo el amor, en cierto modo, declarándonos la paz y una amistad que aún perdura en mi memoria. Una amistad de puchero. En el epicentro de nuestro amado bosque de las fresas, esa metrópoli acelerada que es Nueva York. Nueva York, Nueva York, Yoko y yo, un rato eternizado en este texto que a pesar de las apariencias no es un epílogo...
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