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ENTREVISTAS - She said "you don't understand what I said"

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Yoko Ono - 2005, 24 de Octubre
Entrevista: Julián Ruiz, Revista Interviu (España)
Colaboración: Recluta Pimienta

LA PERSONA MÁS ODIADA DEL MUNDO

Yoko Ono

“La persona más odiada del mundo”, como a sí misma se define Yoko Ono, recibió a interviú en Londres cuando aún sonaban los cañonazos de su última batallita con Paul McCartney. Siempre sorprendente, afirma tener sangre española en sus venas...

 

Era una espléndida mañana de octubre en Londres. Sin embargo, un toque de fiebre amarilla parecía contagiarse en el ambiente. Hasta los mal llamados periódicos tabloides –ahora casi todos lo son, incluso The Times– habían devorado con ferocidad el sushi que Yoko Ono, la viuda eterna de John Lennon, les había proporcionado con unas picantes declaraciones, en las que ridiculizaba a Paul McCartney, durante la entrega de los premios más famosos de música en el Reino Unido.

Un torpedo increíble a la línea de flotación del submarino amarillo de Paul McCartney. Puro sensacionalismo. Magnífica prensa amarilla. Pocas horas después del trance, me veía con la auténtica emperatriz Yoko en la más maravillosa suite del majestuoso Hyde Park Hotel, recientemente llamado Mandarin, adquirido por el capital chino; dinero, también, amarillo.

El aspecto de Yoko es espectacular. Increíblemente conservada a sus 72 años, escote incluido, andaba descalza, nerviosa, organizando el lugar más adecuado para la entrevista. Le recuerdo una primera entrevista en Barcelona y otra en Valencia y hablamos enseguida, naturalmente, del tema del día.

—La que has montado con tus declaraciones. Es como si hubieras vuelto a desenterrar los viejos huesos de los Beatles.
—Pero si te das cuenta, yo ni he mencionado a Paul. Sólo he dicho la verdad. He recordado aquellas noches de angustia, de depresión de John, cuando no grababa y se sentía marginado. Y obsesionado por que se hicieran muchas versiones de las canciones de Paul y muy pocas de las suyas. Simplemente, le reconfortaba al decirle que sus canciones no eran tan fáciles, tan de moon-june-spoon [método primario de componer música], y que tenían otro tipo de calidad.

—¿No crees que has herido a Paul?
—No. Cada uno que se lo tome como quiera. Yo no me voy a quedar para siempre como la enemiga número uno de Paul. El propio John, al final, en los Beatles, no le aguantaba. Le afectaba su prepotencia, cuando se hizo pasar como el amo del grupo.

LA ENEMIGA DE PAUL

—A ver, explica eso. ¿Paul pasaba por ser el amo de los Beatles?
—Te voy a contar una cosa que hasta ahora me he callado, pero es la pura verdad. A la muerte del mánager Brian Epstein, unos meses después, Paul se hizo pasar por el líder del grupo, el amo, el que decidía. Me acuerdo de que cuando se presentaba Paul con su primera mujer, Linda, y la hija de ésta, Heather, John decía: “Míralos, aquí llegan, la familia real, pavoneándose”. John estaba muy dolido, porque Paul quería robarle su liderazgo. El grupo que John había creado, su grupo, pesara lo que le pesara a Paul. A finales de los sesenta no podía verlos.

—Y luego, en los años setenta, ¿es verdad que Paul llamaba y tú le ocultabas a John sus llamadas, o no aceptabas que pasara por vuestra casa en Nueva York?
—Si me dices que lo hice un par de veces con Mick Jagger, que era un pesado, lo tengo que admitir, pero con Paul, jamás. Yo sabía que era su amigo de toda la vida. De hecho, estuvo varias veces en los [apartamentos] Dakota [el edificio de Nueva York donde vivían John y Yoko], hasta que John le tuvo que decir: “No puedes presentarte aquí cuando quieras, sin avisar, sin llamar, como si fuéramos los críos de antes”. Eso le sentó muy mal a Paul y, otra vez, me echó a mí la culpa.

—¿Qué tal te llevas con Paul en estos momentos?
—Nada bien. Ya lo sabes. Sigue obsesionado conmigo. Creo que está seguro de que yo soy la culpable de todo lo malo que le ocurre a él con relación a los Beatles. Y, mira, te voy a contar otra cosa que no sabe ni él, porque una vez más me echa a mí la culpa, como siempre. No hace mucho, pidió en Apple el permiso para utilizar algunas de sus canciones de amor que había escrito en tiempos de los Beatles para una nueva recopilación. ‘Yesterday’, ‘All my loving’, ‘And I love her’, ya sabes, ese tipo de canciones. Y como siempre que hay algo de los Beatles de por medio es imprescindible que exista un consenso de las cuatro partes. Pues bien, antes de que me preguntaran a mí para conceder el permiso, Ringo ya había dicho que no. Ringo, ¿has visto? Es decir, que una vez más se columpió, porque inmediatamente le dijo a Neil Aspinall [un mánager] que yo era la culpable del fracaso del proyecto. Yo soy la única culpable del fracaso de sus ‘canciones de amor’. Yo soy siempre su fracaso.

—¿También Ringo fue quien paró la aspiración de Paul de que sus canciones se inscribieran como McCartney-Lennon, en lugar de Lennon-McCartney como es lo tradicional?
—Mira, está absolutamente obsesionado con que ‘Yesterday’ lleve la firma de John. No lo puede asimilar.

(Éste era el momento preciso para contarle a Yoko la penúltima anécdota de Paul con `Yesterday´. La del pianista de Roma que ante las narices de Paul presentó la famosa canción como una obra de John. Una vez oída la anécdota, Yoko echa su cuerpo hacia atrás y se muere de risa.)

—¿Entiendes ahora a Paul?
—Yo no tendría ningún problema en cambiar el orden de los nombres en la firma de sus canciones. Siempre que lo hablara con John. Pero, simplemente, John no está aquí. No sabemos lo que pensaría y si querría. Así que no hay nada que hacer. Paul no puede pretender escribir de nuevo la historia de los Beatles.

—Pero el caso es que pienso que, en el fondo, Paul te ve como una cuñada perversa. ¿No es cierto que escribió una canción especial que le pediste?
—Mentira; pero si nunca la escribió. Se iba a llamar ‘Hiroshima sky is always blue’. Nunca la hizo. Quiso ayudar, porque ya me había sacado a mí la maqueta que hizo John de ‘Free as a bird’, que luego serviría para la antología de los Beatles. Hasta en las mejores familias, incluso entre hermanos, hay peleas. Nos conocemos todos mucho.

—Cambiemos de tema. ¿Has trabajado mucho en esta colección de temas que has sacado de John?
—Bastante, por no decir que mucho. Me encantaba el título de ‘Working class hero’. John siempre fue un héroe de la clase obrera. Hemos vuelto a remezclar canciones como ‘Imagine’, ‘God’ y algunas otras. Una vez más lo hemos hecho en Abbey Road. Y nos emocionábamos con la voz de John, que se te mete muy dentro, en el alma.

ALMA ESPAÑOLA

—Es curioso, pero tienes ‘emociones mixtas’ con España. Te casaste con John en Gibraltar, casi os meten en la cárcel en Mallorca...
—Es verdad, es verdad. Sé perfectamente lo que me quieres decir, que los españoles seguís reclamando el Peñón como algo español. Pero era el único lugar del Reino Unido donde nos dejaban casarnos. Lo de Mallorca fue peor. Por mi culpa nos vimos encerrados en una comisaría de Mallorca y acusaban a John de secuestrar a mi hija Kioko. Horrible. Pero hay algo más interesente sobre ‘mi lado’ español que jamás había contado y que te lo voy a descubrir a ti por primera vez en mi vida.

(Casi me deja perplejo, porque en sus últimas palabras incluso había bajado el tono de voz poco a poco, como si me quisiera contar un secreto al oído. Incluso se acercó más a mí y al micro que grababa la conversación.)

—Verás, aunque te parezca increíble, aunque no te lo creas, yo tengo sangre española en mis venas. Seguro. Te voy a contar la historia. Mi abuela se llamaba Eisuke Ono, igual que mi madre. Un día, en casa de mi madre, mi abuela nos contó que nuestra familia había tenido una historia emparentada con un marino español muy famoso no sé de qué siglo –podría ser el sigloXVII–. Mi abuela nos vino a decir que un español había dejado embarazada a una mujer de nuestra familia. Uno de nuestros antepasados. Nos habló de un tal Philip, no sé, no sé cómo se dice en español. Yo me quedé tan sorprendida como tú, ahora que te miro la cara.

—¿Y tú te sientes con cierto carácter español?
—Pues no lo sé. Siempre se ha dicho que soy una mujer apasionada.

—¿Sabes que en España, en algunas bodas gays, se pone tu tema ‘Every man has a man who loves him’?
—¿De verdad? Ya sabes que esa canción la escribí primero para las mujeres, y luego para todo el colectivo de gays y lesbianas. Se convirtió en un éxito en las discotecas. Pero ¿la ley no prohíbe a los gays casarse en España?

—No. Las bodas gays son legales en España.
—Me alegro muchísimo. La libertad es lo más importante del mundo. Eso solía decir John.

SER JOHN

—¿Cómo era John en casa, sin el peso de la fama?
—Un ser encantador. Muy normal, sencillo, amante de todo lo que le rodeaba.

—¿Quién se parece más a él de sus dos hijos, Julian o Sean?
—Sean es igualito que su padre. Tiene el mismo carácter, las mismas maneras de expresarse. Los mismos enfados.

—Se queja de su madre.
—Bueno, hay chicos que no se acostumbran a que su madre nunca esté en casa y sea muy trabajadora.

—Toda tu familia eran banqueros. ¿Tú te crees una mujer de negocios?
—No, no (esboza una sonrisa).

—Pero, por ejemplo, John siempre decía que tú llevabas todos los negocios.
—John siempre fue un desastre para los negocios. Nunca supo lo que ganaba o tenía. Pero para eso estaba yo.

—¿Y qué se hace con tanto dinero?
—De todo. Hasta obras benéficas. Pero también cuesta que John siempre esté bien representado en cualquier sentido.

—Tienes tu propia carrera como artista.
—Sí. Pero me ha dado tiempo a pensar de todo. He estado segura de ser la persona más odiada del mundo, la mujer que se ‘cargó’ a los Beatles. Poca gente se ha puesto a pensar a la inversa. Puede que yo fuera una artista mediocre. Que mi música, mis cuadros, mis películas no gustaran a nadie. Pero nadie se paró a pensar que quedé totalmente borrada del mapa por la personalidad de John. Nadie sabe lo duro que era ser la esposa de un ‘beatle’ a finales de los años sesenta. Era mala para las mujeres, para los hombres, para los fans. Era la ‘dragon lady’. Insisto en que era muy duro ser la mujer de un ‘beatle’.

—De hecho, unos seis años después echaste de casa a John. ¿Por qué?
—Se volvió muy insoportable, muy neurasténico. Pensé que lo mejor era que se marchara.

—Muchas veces he pensado que eras su amante, su madre, su amiga, su banquera...
—(Yoko vuelve a echarse hacia atrás, sonríe y sorbe un poco de té.) Puede ser.

—También le echaste de casa un poco antes de que comenzarais la grabación de su último álbum. ¿Por qué?
—Le dije que se fuera con Sean lejos de casa para que pudiera componer. Fue a Hong Kong. Estuvo con Bowie, de vacaciones con los hijos de ambos. Luego, en las Bahamas, y trajo nuevas canciones compuestas.

—¿Es cierto que el título del álbum ‘Double fantasy’ lo tomó John del nombre de una especie de flor de las Bahamas.
—Exacto. Además, es una flor preciosa. Bellísima. Allí compuso mi canción favorita, ‘Watching the wheels’.

—¿No era ‘Imagine’ tu álbum favorito?
—Sí, en conjunto. Ahora me gusta más, porque se me ocurrió que grabáramos en película todo lo que hacíamos en nuestra casa de Ascott. Lo filmado estuvo años en la ‘nevera’ y ahora a todo el mundo le gusta la película ‘Gimme some truth’, que simplemente es la grabación de ‘Imagine’ en película.

—Por cierto, sabes que a Phil Spector pueden condenarle a cadena perpetua por el asesinato de una camarera?
—No tengo ninguna relación con ese señor, creo que se ha vuelto loco. Bueno, hace muchos años que está loco. Incluso a John le llegó a amenazar con una pistola.

EL TELÓN FINAL

—¿Y Mark Chapman [el asesino de John Lennon]?
—No sé, no sé qué decirte (se pone muy seria, incluso se le desencaja la cara). Siempre intentaré que no le permitan la libertad provisional. No me fío. No está tan loco como se ha dicho. ¿Sabes lo que creo? Simplemente, quiso que lo conocieran. Un problema de personalidad.

—En diciembre hará 25 años. ¿Preparas algo especial?
—No, no. Simplemente, está la memoria de John. Habrá gente delante de nuestra casa, en Central Park. En fin, la memoria de John sigue muy viva.

—¿Y tú? ¿Cómo sobreviviste a todo aquello?
—A veces pienso que no sé lo que me hubiera pasado de no tener a mi hijo Sean. A veces lo pienso y no puedo entender el sentido de la vida. Éramos muy felices, John estaba loco con el disco, con su hijo, ilusionado con poder volver a Liverpool, a ver a su tía Mimi. Y, de repente, todo desaparece. Te lo quitan. Parece un sueño.

—Sabes que la última escena de la última película de Luis Buñuel es precisamente ese sentimiento. La desaparición de la felicidad instantáneamente. En el caso de Buñuel, a través de una bomba.
—¿Me puedes conseguir esa película?

—Sí, por supuesto. ¿Adónde te la mando? Bueno, claro, a los apartamentos Dakota. Qué tontería.

 

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